Matoya o la alegría nunca perdida de vivir.

Matoya descubrió su vocación como pintora a raíz de una experiencia vital con su quinta hija y ahora sus cuadros lucen paredes desde Japón hasta México.

Estudió Derecho, sabiendo que nunca sería lo suyo. Dedicarse al periodismo tampoco le llenó y empezó a desarrollar su creatividad cuando abrió una empresa de diseño de moda. Pero su vida dio un giro de 180 grados con el nacimiento de su hija Victoria en el que ambas estuvieron al borde de la muerte. Cerró su empresa de moda y se dedicó exclusivamente a su hija y a pintar, su pasión que guardaba desde pequeña. 

En sus cuadros no ha buscado imitar a los maestros ni inspirarse en estilos o copiar técnicas. Son más bien expresiones que sacan lo que lleva dentro y maneras de jugar libremente con los colores, olvidándose del resultado final. Sin embargo, su libertad artística no ha impedido que se forme de la mano de los mejores, y así lo hizo en el Taller del Prado.

Aparentemente, cualquier cosa es válida para alimentar su inspiración. Una perspectiva de la ciudad desde el avión, una canción significativa o incluso el testimonio de una misionera que lo deja todo por algo más. Esa variedad casi le obliga a crear sus propios instrumentos. Enemiga de los pinceles, se sirve de multitud de artilugios para representar lo que ve y evocar lo que no se ve.  Ingenua con su valor, empezó regalando sus primeros cuadros a ONGs y fundaciones, pero el pronto interés de los particulares por su obra le empujó a dedicarse por entero a esta pasión y con su inexperiencia en este mundo, comenzó a vender sus cuadros a unos precios adaptados a la crisis de 2009 en la que se encontraba.

Desde entonces, no ha parado de hacer exposiciones. Desde UBS hasta el Círculo de Bellas Artes, pasando por el Colegio de Ingenieros y los Ayuntamientos de Pozuelo y Majadahonda.  
Actualmente, ha iniciado su presencia experiencia internacional con sus primeras exposiciones en Luxemburgo y en San Francisco.

Pero todo esto le da igual. Ella prefiere presumir de su familia y levantarse feliz todos los días.  
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